Veinte personas muy solas
han llamado al teléfono
donde encuentran la voz
que anima y consuela.
Así fue el primer día.
El segundo otras veinte.
El tercer día seguían
siendo veinte las llamadas.
El cuarto fueran también
veinte los desesperados.
La soledad pesa tanto
que no se atreven a contarlo
y hace falta un teléfono
para decirlo despacio.
Lo atiende la Cruz Roja
y creo que no es gratis.
Tú llamas y vas pagando
por hablar y escucharte.
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