Florentino no se va
porque se quiere quedar
ganando por goleada
en las urnas que habrá.
No dimite, aunque digan
que dimitir él quería.
Es un hombre aún con ganas
de dirigir un equipo.
Al timón del barco blanco
con sus ochenta abriles
sigue firme en sus trece
como un joven que resiste.
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